El problema del desperdicio de alimentos no solo tiene implicaciones sociales y económicas, sino también medioambientales. El desperdicio alimentario global lleva implícitas unas emisiones de gases de efecto invernadero de 3,3 gigatoneladas equivalentes de CO2; si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercer mayor emisor de GEI del mundo. Esto representa entre el 8 y el 10% de todas las emisiones de GEI en el mundo. Además, se desperdician otros recursos naturales limitados como agua y tierras de cultivo.
Durante estos últimos 6 años hemos desarrollado actividades de sensibilización en centros educativos y son muchos los que quieren dar el paso de apostar por acciones que favorezcan la reducción del desperdicio alimentario que se produce en sus comedores.
Cada vez son más los centros educativos que cuentan con procesos de enseñanza aprendizaje con una perspectiva ambiental, cuyo desarrollo tiene repercusiones globales, se desarrolla con procesos participativos y democráticos y se insertan en compromisos y proyectos más ambiciosos como Agenda 21 y Agenda 2030.